No debo clavarme en él porque no tengo sueño que perder. Mi amigo Falso Ingeniero me espera a más tardar a las 10 para la urgente terapia acordada .
Pero no quiero dejar de pasar por acá. Quiero retomarlo con la emoción, seriedad y compromiso con que abrí mi primer blog. Por el gusto.
Porque en estos días de trabajo acumulado con deudas y de certidumbres inexpertas y titubeantes, escribir solamente por el gusto ayuda a liberarme y a mirarme al espejo.
Y a redescubrir que soy un poquitito bizca.
Y a recordar cómo caí en las redes de un argentino agridulce la tarde que afirmó que lo que más le gustaba de mí era mi estrabismo y más aún: le encantaba mi risa al escucharlo y que no me ofendiera su reparo en mi defecto. Él mantuvo una seria expresión a pesar de mis carcajadas y yo dudé. Ese día acepté su invitación a cenar sólo porque me gustó la idea de que alguien podía enamorarse de mis defectos.
Pensé en lo chafa de enamorarse de lo bonito... qué chafa, qué chairo, qué chiste.
Así, qué fácil.
Lo recuerdo y me miro: según yo sí estoy haciendo bizco.
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