Tuesday, June 11, 2013

Brote epistemopsicótico

Hay una sensación que me sobrecoge cada tanto: a partir de la conciencia de lo ignorante que soy de una cantidad realmente abrumadora de cosas, me viene la idea de que no lograré jamás ponerme a mano, resanar todos los baches, saber todo lo necesario, o al menos lo mínimo indispensable. ¿Cuánto es lo mínimo indispensable? ¿Para qué es "indispensable" saber eso? ¿Quién será quien decida que el tamaño de mi ignorancia no merece dispensa?

Cada vez hay más que saber. Antes de la explosión tecnológica, la cantidad de información necesaria para los preocupados por presumir una mínima cultura general era muchísimo menor. No había tantas fuentes, pero sobre todo, no existía el fácil acceso que tenemos hoy a prácticamente cualquier información de cualquier tipo. Antes, gran parte de lo que había que saber para considerarse culto estaba dividido en tomos de historia básica que uno podría aspirar a terminar de aprehender un día de estos, ni siquiera necesariamente lejano. Pero hoy, de entrada, hay que sumar tantas fuentes como puedan guglearse y ya en esas, es casi obligatorio (aunque no seas periodista) cruzar versiones, autores.  ¿Por qué? No porque sea importante el acercamiento consciente y voluntario a la verdad, no; debe hacerse simplemente porque podemos. Hoy está ahí, más omnipresente que algún dios, la posibilidad de investigar sobre cualquier tema.

¿Será que realmente pasan más cosas en el mundo (porque somos más y porque las dinámicas tecnologizadas de nuestras sociedades están revolucionadas) o simplemente es que hoy tenemos la tecnología para enterarnos de TODO lo que pasa en este planeta, y hasta —perdonen la arrogancia— en el espacio exterior, TODO el tiempo. Bueno, y eso sin contar la científicamente comprobada posibilidad de que haya universos paralelos, distintas líneas de tiempo existentes simultáneamente, y que el número de estos universos paralelos sea infinito, igual que el número de acontecimientos importantes que marcarán el devenir histórico, social, político y cultural de la humanidad en cada uno (¡cada uno!) de ellos... Vértigo. 

Pero no hace falta llegar hasta hasta hasta hastaallá para sentirse abrumado. Si regreso a pensar nomás en mi planeta y en mi tiempo conocido, tampoco me alcanzan las neuronas para contener la simple imaginación de todo lo que necesito saber... aunque sea de un solo tema. Y más o menos era aquí donde empezamos: hoy no sólo podríamos estar informados (quiero decir, bien informados, extraordinariamente bien informados) de nuestros temas de mayor interés, hoy —y quizá esto asuste más aún— también podemos saber lo que pasa en las mentes de millones de personas en distintas partes del mundo, simultáneamente y de primera mano. ¿Qué no es de eso de lo que se trata Twitter? ¿Y de qué chingados —me pregunto molesta siempre que me doy cuenta de que ya se me fueron dos horas siguiendo y persiguiendo pensamientos ajenos de lo más variados— me servirá saber lo que está pensando, leyendo, escuchando, especulando, discutiendo toda esta banda?

Quizá de momento sólo sirva para aturdirme al intentar imaginar cuánta información suma el hervor de todas estas mentes. Y ciertamente para hacerme notar lo insípido que sigue el caldo que hierve en la mía.