Friday, October 14, 2011

La importancia de la Primera Temporada

Tatiana fue de mis primeras amigas. Vivía en la casa de enfrente y solíamos jugar, todas las tardes, ella, mi hermana mayor y yo, que a menudo competíamos por su amistad porque Tatis (con una edad intermedia entre las dos) se identificaba a ratos más con una o con la otra. Así que como en toda relación de tres, siempre había una a la que le tocaba "bailar con la más fea", una que quedaba un poco fuera de la complicidad de las otras dos, y esa nunca era Tatis. Con ella las tardes de la infancia se nos fueron entre discos, tareas, kermesses, avalanchas, bailes, barbies, guerritas de agua y meriendas en mi casa.
Han de haber sido unos 5 años. Nosotras nos mudamos cuando yo tenía 10, y a pesar de que no nos fuimos lejos, por alguna razón que ya olvidé (algún sentimiento infantil casi seguramente) no nos volvimos a ver.
Hace algunos meses nos reencontramos por Facebook —como que no tenemos una forma más fácil hoy en día de recuperar lo que creemos perdido en el pasado— y nos escribimos con mucho cariño cartas llenas de recuerdos en donde con entusiasmo espontáneo nos propusimos vernos. Luego por una u otra razón fuimos posponiendo, unas veces ella y otras yo, el encuentro. Creo que nos daba un poco de miedo y hasta esta tarde no entendía yo muy bien por qué.
Hoy, 26 años después de que nos despedimos en la privada en la que crecimos, nos volvimos a ver y nos sentamos una vez más a comer en la misma mesa. Mientras nos hacíamos un mutuo resumen de por dónde habíamos caminado a lo largo del último cuarto de siglo, nos miramos intensamente todo el tiempo... a los ojos, buscando en nuestras miradas, escrutando entre nuestros gestos, examinando nuestras voces, diseccionando nuestras risas, desesperadas por reconocer en alguna sutileza a las niñas que recordábamos. Qué sensación urgente es la de reconocer la esencia de alguien que fue importante en nuestra historia, reconocerla más allá de una fachada que nos es en parte desconocida. Y cuánta tranquilidad da no sólo reconocer esa esencia, sino sentir la propia reconocida por alguien que sabe cómo eras en tu estado menos contaminado.
Cuántas emociones. Cuántos recuerdos. Cuántas confesiones. Creo que más allá de contarnos las segundas y terceras temporadas de nuestras vidas, lo que hicimos hoy (revisitar la primera temporada) fue terapéutico. Nos reconocimos a través del recuerdo de la otra y todo cuadró a la perfección: las qué éramos entonces y las que somos hoy... A partir de la infancia que nos marcó, no podríamos ser otras demasiado distintas de las que somos.
Incluso si cada una de nosotras se hubiera ahorrado los años de psicoanálisis que sentaron las bases para que hoy —en poco más de dos horas— creyéramos entenderlo todo, incluso así, no podríamos ser otras.

Y sí, su risa no ha cambiado.

Saturday, July 23, 2011

Nostálgica y azorada

... de todos los asesinados que hubiera esperado encontrar en los encabezados de los periódicos de este sábado, ninguno me habría removido la memoria y la conciencia como el señor Cabral. El mismo al que un día tú y yo escuchamos contar en el Teatro de la Ciudad que el único miedo de su abuelo militar , "un tipo muy valiente", era a los pendejos, porque eran muchos y no había manera de combatir semejante frente.
Pues un puñado de ésos se han confundido y lo han matado a tiros esta mañana en Guatemala.
Y él, seguro, tan tranquilo.
Incluso resignado desde la sabiduría de su valeroso abuelo.
Hombre, si una confusión le pasa a cualquiera, y siempre supimos que eran muchos.

Thursday, June 9, 2011

El segundo

Mi segundo post me agarra en medio de una madrugada en la que ya voy tarde, tardísimo, a la cama.
No debo clavarme en él porque no tengo sueño que perder. Mi amigo Falso Ingeniero me espera a más tardar a las 10 para la urgente terapia acordada .
Pero no quiero dejar de pasar por acá. Quiero retomarlo con la emoción, seriedad y compromiso con que abrí mi primer blog. Por el gusto.
Porque en estos días de trabajo acumulado con deudas y de certidumbres inexpertas y titubeantes, escribir solamente por el gusto ayuda a liberarme y a mirarme al espejo.
Y a redescubrir que soy un poquitito bizca.
Y a recordar cómo caí en las redes de un argentino agridulce la tarde que afirmó que lo que más le gustaba de mí era mi estrabismo y más aún: le encantaba mi risa al escucharlo y que no me ofendiera su reparo en mi defecto. Él mantuvo una seria expresión a pesar de mis carcajadas y yo dudé. Ese día acepté su invitación a cenar sólo porque me gustó la idea de que alguien podía enamorarse de mis defectos.
Pensé en lo chafa de enamorarse de lo bonito... qué chafa, qué chairo, qué chiste.
Así, qué fácil.
Lo recuerdo y me miro: según yo sí estoy haciendo bizco.

Friday, June 3, 2011

¿Dónde se mete la chica del 17?

Aquí vamos otra vez.
La novela que empecé no pude terminarla... creo que me falta edad... o experiencia... o tiempo. Y sin embargo, se está trabajando la segunda. Tal vez luego les cuente.
La explicación que sí le debo al necio lector viejo que llegue hasta acá: le puse fin a mi primer blog porque su nombre le quedó viejo cuando el buen tiempo llegó de pronto y me emparejó, convencida, enamorada y miedosa, con un cineasta que había sido mi profesor en la universidad. Durante estos meses he estado masticando la idea del blog que le sucedería. En primer lugar porque lo prometido es deuda. Y en segundo porque como dice el dicho: mi pecho no es bodega y yo necesito escribir. Lo necesito de verdad.
Total que hace apenas una semana, mientras escuchaba a Olga Ramos (la cupletista favorita de mi abuela Esperanza) decir con toda su gracia "¡qué vulgarité!", descubrí mi nueva identidad. Ahora soy La Chica del 17.


Y todo porque dejé mi casa de los últimos tiempos, esa que siempre estuvo donde estuviera La Loca de los Chinos Perfectos. Ya fuera en un edificio agogó o en una exótica fábrica de pasteles. Juntas compartimos mudanzas y andanzas durante ocho entrañables años.
Pero resulta que la casa donde vivo hoy con mi novio tiene en la puerta que da a la calle el número 17. 

Y como la mayoría de mis vecinos son gente mayor que lleva la vida habitando esta cuadra, al verlos cuchichear me imagino que hablan de la nueva del barrio, de la chica del diecisiete, de su nocturno horario de trabajo y de su costumbre de fumar en la ventana de la cocina.

Y como aquí no queremos engañar a nadie, confesaré que también fantaseo con que al verme pasar 'tan compuesta' les dé por preguntarse de dónde saco pa tanto como destaco. El misterio tiene su encanto, cómo no.