Querido:
Regreso de pasar unos intensos días con El Sapo Vengador, que se empeñó en analizarme con esos ojos tan azules, tan claros, tan abiertos y tan conectados con ve tú a saber qué dimensiones desconocidas. Como pasa cada que viajo con esta loca, me agarró por sorpresa una experiencia que me re-vuelve primero y me re-compone después. Lo bueno es que nunca quedo igual que antes, afortunadamente. Tampoco es que tenga muy claro si quedo mejor, pero al menos me descubro haciendo preguntas nuevas y buscando la honestidad antes que las respuestas.
Quiero contarte un momento: la tarde del viernes caminábamos Sapo y yo por la colonia Americana, intercambiando confesiones sobre los distintos momentos de nuestras vidas en los que reconocíamos haber reaccionado desde nuestro lado más oscuro. Ella hablaba de un dolor que una vez le abolló tan feo el alma, que casi la convenció de que no tenía sentido seguir tratando de hallarle el modo a su deambular por este plano. Yo, a pesar de andar más o menos cerca de ella en esos tiempos, no sabía, no supe, no vi... no me di cuenta, pues. Se lo dije, pero no sé si me oyó. Permaneció callada casi una cuadra, como yo, mirando las dos nuestros siguientes pasos cual autómatas.
Me sacó del trance un auto blanco que pasó a mi lado, reduciendo la velocidad, con las ventanillas abajo y el volumen de su estéreo hasta arriba. Alcancé a reconocer tu voz en la rola que salía de él. Me detuve, dejé a Sapo andando sola y corrí seis pasos medio en reversa, medio de lado, dudando de la coincidencia. Me quedé parada cerca del auto blanco que se detuvo ante la luz roja del semáforo, y al oír los gritos del conductor tratando de entonar (no que lo lograra) una vieja canción conocida, no pude evitar 'asomarme' sin bajar de la banqueta para ver la cara de este sorpresivo fan tuyo. Me notó y se me quedó viendo, curioso, dudando quizá si nos conocíamos. Le ofrecí una sonrisa grande. Él me sonrió de regreso y en cuanto empecé a alejarme siguió cantando. No oí el final de la rola porque se puso el siga, tu fan aceleró y yo reparé en Sapo, que me miraba divertida desde el centro de la acera, sin entender muy bien qué pasaba. "Esa rola me la escribió un ex cuando terminamos", le dije al llegar a su lado, todavía algo perturbada por la casualidad. "Jaaaaaah... ¿te cae?", dijo incrédula. "Creo que es la única canción que me escribió... Me gusta, pero me dolió mucho tiempo porque me recuerda un momento de mucha confusión, de sueños rotos..." Y seguí en mi cabeza, reviviendo en la memoria aquella sensación de enorme desencanto, de incertidumbre y montones de dudas, de empezar a imponerme olvidos. Caminamos en silencio hasta llegar a casa, mudas, absortas cada una en su negrísima marea.
Probablemente te preguntes por qué te lo cuento. Pasa que recordar cómo nació esa canción justo en ese momento me hizo contemplar nuestra historia desde una perspectiva distinta de la que siempre había elegido ver, y pude darme cuenta de que aunque me lo negara con buenos argumentos, muchas veces actué desde lo más percudido de mi alma durante el tiempo que caminamos juntos. Esa rola hoy no sólo me recuerda aquel durísimo rompimiento, sino que también me habla de los dolores profundos que 'pude ignorar' (al menos hasta ahora) con tal de bifurcar de tajo un camino tan intrincado que ya no parecía ir a ninguna parte.
Como ésa, reconozco otras durezas resultantes del enojo y las pocas herramientas que tenía para entender el revolcón emocional que estaba viviendo. Por ellas vengo a pedirte perdón. Sé que tú me perdonaste hace mucho porque sabes que era amor del bueno el que yo sentí por ti y porque, después de todo, sin esa historia no seríamos los que somos, ni habríamos aprendido un par de cosas importantes gracias a las que hoy hemos logrado rodearnos de felicidades que jamás imaginamos. Pero igual lamento mucho haber causado tanto dolor entonces... a ti, a mí y a todos a los que les tocó alguna de nuestras balas perdidas.
Yo no sé cuántas canciones más, propias y ajenas, te habré inspirado. Me acuerdo de una que me dedicaste cuando aún no nos decidíamos a admitir que ya nos habíamos enamorado sin razón y sin remedio. Era de Calamaro... Entonces yo fantaseaba con que algún día tu banda (que entonces tenía otro nombre y que yo apenas había visto tocar una vez en el antro más cutre jamás pisado) la armara en grande y tú me compusieras una rola de amor así de buena. Pero hoy no puedo evitar pensar (desde las tinieblas de mi vanidad, diría Sapo) que sin importar que tu banda la arme en grande, me gustaría inspirarte sólo una canción más. Y que ésta se me aparezca otro día cualquiera del futuro, en un instante impensado, para recordarme que en algunos tramos de aquel fragoso camino también nos hicimos mucho bien.
Te abrazo siempre.
Yo no sé cuántas canciones más, propias y ajenas, te habré inspirado. Me acuerdo de una que me dedicaste cuando aún no nos decidíamos a admitir que ya nos habíamos enamorado sin razón y sin remedio. Era de Calamaro... Entonces yo fantaseaba con que algún día tu banda (que entonces tenía otro nombre y que yo apenas había visto tocar una vez en el antro más cutre jamás pisado) la armara en grande y tú me compusieras una rola de amor así de buena. Pero hoy no puedo evitar pensar (desde las tinieblas de mi vanidad, diría Sapo) que sin importar que tu banda la arme en grande, me gustaría inspirarte sólo una canción más. Y que ésta se me aparezca otro día cualquiera del futuro, en un instante impensado, para recordarme que en algunos tramos de aquel fragoso camino también nos hicimos mucho bien.
Te abrazo siempre.
No comments:
Post a Comment